El programa Erasmus, del "mito" a la dura realidad
Aunque el programa Erasmus suele chocar con varios obstáculos, entre ellos la dificultad de los estudiantes para encontrar alojamiento o la inflación, sigue siendo la "joya de la corona" de la UE.
(Erasmus+ es un poderoso mecanismo de integración. Foto: © Svitlana / Adobe Stock/EP)
Cuando se habla del programa Erasmus+, la mayor parte de las veces pensamos en imágenes casi idílicas: jóvenes sonrientes que posan para un selfie ante el Coliseo de Roma, cafés parisinos o doradas playas españolas. En los folletos oficiales parece un proyecto ideal: la encarnación de la verdadera integración europea, la libertad y la igualdad, según informa nuestro socio editorial polaco FocusEurope.pl.
Sin embargo, el choque con el día a día puede ser muy duro. Y es que la realidad de este proyecto emblemático de la UE no es ni mucho menos perfecta, pero tampoco es tan negra como algunos la pintan. Está en un punto intermedio.
En ese sentido, el último informe anual de la Comisión Europea dibuja el panorama de una gigantesca “máquina de aprendizaje” que ayudó a financiar la movilidad de más de 1,5 millones de estudiantes en 2024, con un presupuesto de 4.700 millones de euros. Desde el comienzo del programa en 1987 ya se han beneficiado de el cerca de 16,7 millones de estudiantes.
Erasmus+ es un poderoso mecanismo de integración y una de las herramientas más destacadas para construir una economía europea basada en el conocimiento. También es una de las lecciones de vida más difíciles a las cuales se enfrenta la Generación Z.
DEL MITO ERASMUS AL GOLPE DE LA INFLACIÓN
Para entender el “fenómeno Erasmus”, lo mejor es mirarlo a través de la lente de los estudiantes. Su decisión de marcharse a estudiar a otro país de la UE es una ecuación complicada en la cual sus metas académicas y sus ganas de vivir la aventura chocan con el temor muy humano a lo desconocido y los elevados precios del día a día.
Por ello, Bruselas incrementó en 2024 la cuantía de las becas para mitigar los efectos de la inflación que golpea a los países de la UE.
A pesar de ello, en las capitales más caras del continente, el apoyo extra de la UE suele cubrir solo una parte de los costes diarios. La mayor pesadilla de los estudiantes es la crisis de la vivienda, que golpea especialmente a países como España o Francia.
Encontrar una habitación (decente) a un precio (razonable) roza el milagro, y los extranjeros acaban en el último lugar de la lista de inquilinos potenciales.
Eso les obliga a buscar empleos temporales por su cuenta para poder costear los gastos, pero también les genera una gran frustración.
MIEDO AL FRAUDE Y AL ENGAÑO
Zuzanna, estudiante de la Universidad de Varsovia, explica en declaraciones a nuestro socio editorial FocusEurope.pl esta dualidad de expectativas e inquietud.
“Voy a viajar (con el programa) porque quiero mejorar mi inglés, tener más experiencia y aprender cómo funcionan los sistemas académicos en otro país. Quiero combinar el estudio con el aprendizaje y conocer una nueva cultura e idioma. Pero me temo que vivir en el extranjero será muy caro y, sobre todo, que no pueda encontrar piso o que me engañen.”, asegura.
Esa opinión pragmática es compartida por Jakub, que eligió Italia como destino. Sus palabras ilustran muy bien el enfoque racional que adoptan los estudiantes para impulsar sus carreras.
“Me voy de Erasmus porque creo que me servirá a la hora de encontrar un futuro trabajo y, además podré mejorar mi inglés. Quiero ver cómo funciona el sistema en Italia para compaginar la vida laboral y la personal, y qué estilo de vida me conviene más. Me gustaría ver si puedo quedarme allí a trabajar, aunque no quisiera que me engañaran o hicieran trampas con algo”, comenta.
¿ERASMUS DE RICOS Y DE POBRES?
La preocupación por el elevado coste del alquiler y de la vida diaria forman -lamentablemente- parte del “ADN” (no oficial) del programa Erasmus, a pesar de que la versión oficial en Bruselas es que su objetivo es fomentar la igualdad de oportunidades.
La Unión Europea es consciente de ello, y está inyectando ingentes recursos para que el programa no se convierta en un club de élite para los más pudientes. El informe de 2024 muestra claramente que esos esfuerzos están dando frutos. En ese año, el programa concedió becas a casi 265.000 estudiantes con escasos recursos, que representan el 18,8% del total de participantes.
También es interesante echar un ojo al perfil de estudiantes: el 60% de todos los beneficiarios del programa Erasmus + en 2024 fueron mujeres. La estructura académica ofrece otro dato curioso: el grupo más numeroso son estudiantes de grado, que suelen elegir administración, negocios y derecho, además de artes y humanidades.
A pesar de las dificultades logísticas, las estadísticas son muy positivas. Según recientes encuestas de evaluación, hasta el 96% de los participantes están satisfechos o muy satisfechos de sus experiencias académicas, y afirman que el programa tiene un impacto real en sus carreras: el 80% de los encuestados ha mejorado su nivel de idioma extranjero, el 68% cree que tiene mejores perspectivas profesionales y, en el 98% de los casos, recomendaría el programa Erasmus a otros estudiantes.
Desde la perspectiva polaca, Erasmus+ también es una inversión estratégica en capital social y económico. El país del Este es muy activo en el mercado educativo de la UE. Desde la adhesión de Polonia a la UE en 2004, más de 266.000 estudiantes participaron en el programa y viajaron al extranjero, al tiempo que recibió a más de 208.000 estudiantes extranjeros. Es un potente intercambio bidireccional de ideas, cultura laboral e innovación, que transforma los campus polacos.
REINO UNIDO APRENDE DE SUS ERRORES
Tras el Brexit, el gobierno británico intentó crear un equivalente nacional al programa Erasmus. Sin embargo, se impuso la cruda realidad: la pérdida de la fuerte red de interconexiones institucionales construidas a lo largo de décadas ha afectado al prestigio y la competitividad de la ciencia británica.
Por ello, tras intensos esfuerzos y duras negociaciones, Reino Unido volverá el año que viene al programa Erasmus. Para la comunidad académica, es la prueba definitiva de que el “universo Erasmus” no puede ser reemplazado por alternativas locales “ad hoc”.
Es también una estupenda noticia para los estudiantes de toda la UE, para quienes las universidades de Reino Unido siempre han sido un referente de alta calidad académica.
Por todo ello, Erasmus+ es mucho más que (unos cientos de euros) mensuales de la beca y créditos académicos. Es una escuela de vida dura pero fascinante.
Requiere valor para superar tus propios miedos, luchar contra la burocracia y salir de tu zona de confort. A cambio, ofrece un enorme valor añadido personal: una identidad europea basada en la tolerancia, relaciones humanas que borran las fronteras nacionales y una sensación inquebrantable de que los jóvenes pueden superar casi todos sus retos, si se empeñan en ello, en cualquier lugar.
///
(Texto: Zofia Grosse/FocusEurope.pl /Versión española y edición: Fernando Heller)


